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Hace unos días nos enteramos del deceso de nuestra amiga Rosita, Rosita la memorista de Atlixco, la fundadora del museo, “estuve presionando hasta que el Presidente Municipal el Arquitecto Felipe Velázquez aceptó apoyarme con lo del museo” contaba Rosita, la que a sus 80 años subía cerros, iba y venía buscando lo mejor para Atlixco y su natal Metepec, orgullosa de su hijo “el tuvo que ver con el robot que tocaba el piano, creo se llamaba Don Guapo”, les presento un reportaje publicado en el periódico Síntesis hace un buen de años sobre Rosita.

“Rosita Lazalde incansable personaje, fundadora del museo del Convento del Carmen, aunque por el momento alejada de el, por los sucios manejos, comenta, de un tal “compadrito.” Como siempre activa, la memorista atlixquense nos relata un hecho de su mocedad hace 75 años. Cuenta que de niña siempre fue muy inquieta por conocer del pasado, de su familia y de su pueblo (Metepec) y le pedía a su mamá que le platicara de los ayeres y como siempre se distinguió por su memoria, guarda ese conocimiento; así mismo era muy sociable por lo que, cuando niña, algunas familias la pedían “prestada” a su mamá, para que los acompañara a diferentes lugares. Cuando tenía 5 o 6 años el señor Carmen y su esposa Sabinita pidieron permiso a su familia de llevarla a Calpan a las celebraciones de la Semana Santa y ya autorizada, allá va la niña Rosita hasta el lejano poblado de Calpan.

Tal como en aquellos años se guardaban esas fechas, anduvieron en los Oficios y procesiones propias de la Semana Mayor; pero llegó el Sábado de Gloria y doña Sabinita la llevó a una casona cuya dueña era una matrona de nombre Cailita. Esta señora al parecer era un personaje en el pueblo y por lo tanto muy solicitada como madrina, por lo que, llegado el sábado de Gloria su casa era visitada por multitud de chamacos, a los que esperaba con chocolate de agua y gran cantidad de muéganos.

En un rincón la niña Rosita vio como al llegar al salón donde enormes mesas aguardaban a los ahijados estos se quitaban sus pantalones quedando en calzoncitos de manta y se formaban. Apareció la madrina en el salón con tremendas varas de chichicaxcle (planta que posee unas espinitas o aguates, muy dolorosos que irritan y dan comezón) y uno por uno los niños fueron pasando y la señora les azotaba fuertemente y varias veces las corvas, acto después los niños llorando se iban a restregar tierra en sus piernitas para mitigar el dolor, y así llegaban a la mesa a degustar los muéganos y el chocolate. A punto del llanto la niña Rosita veía esa masacre, pensando “ya me tocará” pero luego le informaron que eso no era crueldad, era una practica común hecha para que los niños crecieran, cabe decir que la madrina blandía la planta a mano “pelona” sin sentir dolor o al menos sin manifestarlo.

Esta es otra más de las historias de Rosita Lazalde que nos transportan a costumbres pasadas y gracias a ella se rescatan,” Un hasta siempre Rosita Lazalde Olivo.

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